En este espacio cada estereotipo ciudadano tiene su lugar. No me voy a reír de ellos, sino con ellos y vos podes prestar tu risa

sábado, 7 de abril de 2012

CHARLAS DE CAFÉ. TERCERA ENTREGA

Ni la mujer es insoportable, ni el hombre es un machista recalcitrante. Las exacerbaciones de los extremos es lo que hace, muchas veces, imposible que nos encontremos.


Cuentan que en el pico más alto del Tibet vive el hombre más sabio del mundo. Cierta vez, un joven acudió con él para descubrir el camino al corazón de una mujer de la que se había enamorado. Cuando encontró al sabio en la cumbre de la montaña, le preguntó: ¿Cuál es el camino más corto, seguro y directo para llegar al corazón de una mujer?

El maestro le respondió: No hay camino seguro al corazón de una mujer, hijo mío; solo senderos al borde de precipicios y caminos sin mapas o brújulas, tapizados de peñascos, de arbustos espinosos y con serpientes ponzoñosas. Pero, entonces, Maestro: ¿qué debo hacer para conquistar el corazón de mi amada?

Recuerda amado discípulo: Conserva en tu mente y en tu corazón las enseñanzas y los consejos que te daré. Síguelos fielmente y llegarás al corazón de la mujer que amas:
“No se rasque los huevos frente a ella; regálele flores y muchos, pero muchos presentes; levante la tapa del inodoro antes de orinar y recuerde bajarla después; no eructe; no sea pedorro; no hable mal de la madre de ella, ámela como a su propia madre; no la cele, o si acaso, un poquito; deje que ella tenga celos de usted, ella sí puede; nunca engorde, ella sí puede (pero nunca se lo diga); no se demore en el baño; no diga que ella no sabe manejar; no llegue tarde a casa, salga de trabajar y váyase de inmediato para su casa; no se entretenga con los amigos, o mejor, no tenga amigos; ni sueñe con tener amigas; nunca mire ni hable de las tetas o de las nalgas de las amigas de ella; no mire a otras mujeres, es más, entienda de una vez que no existen otras mujeres; dígale “Te amo”, al menos 24 veces al día; deje que ella compre ropa, zapatos, etc., siempre que ella quiera, es más, ayúdela a caminar durante horas eligiendo lo que quiera comprar (y sonría mientras camina); no ronque; recuerde, a usted no le gusta el fútbol y odia las carreras de fórmula 1; no piense solamente en sexo, pero tampoco exagere, propóngaselo con frecuencia aunque esté cansado; respete cuando a ella le duela la cabeza, pero si ella se lo pide, complázcala de inmediato, ¡ah!, y no se vaya a quedar dormido inmediatamente después, debe mirarla a los ojos y acariciarla hasta que sea ella quien se quede plácidamente dormida; no discuta con ella, recuerde que ella siempre tiene la razón en todo; hágale saber lo miserable que sería la vida si ella no está con usted.”

El Discípulo, agobiado, se vuelve para bajar de la montaña y el Maestro le dice: ¡Espera, Hijo mío, vuelve
acá!, todavía falta....El Discípulo contesta: Nooo, Maestro…¡Ahora entiendo por qué hay tantos putos!

Y sí, Hijo mío; es preferible que te rompan el culo una vez por semana y no las pelotas todos los días.

La presente leyenda tibetana, que gracias a la globalización, se extendió al mundo entero (¿o se habrán extendido al mundo las mujeres molestas del Tibet?), me vino a la mente cuando Gomecito o el Manco Gómez (recuerden que en el Café le decimos Gomecito para no decirle el Petiso Gómez que sería discriminatorio y que además Polo lo bautizó el Manco por su falta de tacto) me contaba su padecimiento amoroso. Resulta ser que el Manco está perdidamente enamorado de una joven damisela, que al parecer no sabe cómo abordarla. En realidad suponemos que su falta de tacto le trajo algún problema.
-¿Qué pasó, Manco?, le pregunté.
La invité a tomar un café y me sacó carpiendo con toda una demostración de que yo la quería fifar y que el café era la escusa, comenzó, casi entre sollozos, para continuar diciendo: “-No, Zulmita, solo quiero tomar un cafecito y charlar con vos. Sos una mina inteligente.” “Callate, desgraciado. Te voy a dar, mina. Te das cuenta que me tratás como una cosa; que al conceptualizarme como mina, me estás cosificando; me llevás a ese lugar de vulnerabilidad que a ustedes les gusta para allí maltratarme. No hay ningún café que sea inocente; detrás vienen las intenciones sexuales y tu invitación es un discurso de género y violento. ¿Qué pasa cuando terminemos de tomar el café? ¿Eh? ¿Te das cuenta? A pesar de que reivindicaciones básicas de hace más de un cuarto de siglo siguen aún en el tintero, y cuando las mujeres de todo el mundo aún sufrimos discriminación, abusos y control, vos no podés venir y con un café coartar mi libertad de expresión o de pensamiento, y mucho menos mi libertad sexual y de movimiento. Estoy hablando, por si no lo entendés, de esa pauta generalizada que ustedes manejan de dominación y con la que pretenden atravesar la experiencia de ser mujer. No podés, así porque sí, influir en mí relación con mí propio cuerpo y con mí sexualidad. ¡Gómez!, tu discurso es poco profundo e insensible. Es una opción reduccionista que niega otras facetas de mí persona. Tú invitación es un eufemismo, un atajo lingüístico, que utilizás para sentirte más cómodo en tú entorno de agresor sexual.”
¡Pero yo solo quería tomar un café, Golber!
Ese es el tema, Gomecito: la mujer inteligente es más linda cuando se calla.

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