En este espacio cada estereotipo ciudadano tiene su lugar. No me voy a reír de ellos, sino con ellos y vos podes prestar tu risa

viernes, 24 de febrero de 2012

SERIE GRANDES ACTORES DE LA SOCIEDAD


Hoy Prudencio Dhudachencko

Es bueno y necesario que de tanto en tanto rescatemos y hagamos conocidas las vidas de esos grandes hombres que nos han legado su sabiduría y que por motivos espurios la historia se encargó de ocultar. 
Por eso, hoy, quiero rescatar a Prudencio Dhudachencko.
Cuentan que Prudencio, buscando la perfecta manera de ingresar a su casa sin que su esposa se diera cuenta, se quedó dormido en el umbral y tuvo un sueño (Luther King más tarde le robaría la frase). En él –el sueño, por supuesto- Dhudachencko se vio como una mariposa que dormida soñaba que era un hombre, y al despertar, ya no supo si era un hombre que dormido había soñado ser una mariposa que dormida soñaba ser un hombre o si era una mariposa que al quedarse dormida había soñado ser un hombre que soñaba ser una mariposa que soñaba ser un hombre. Esta indefinición lo marcó para el resto de su vida.
Ahora bien, con la ecuanimidad que siempre lo caracterizó, Prudencio entendió que ese sueño algo le decía (pero no sabía qué), que le ponía ahí adelante la puerta para la solución de los grandes interrogantes del ser humano (pero no la veía ni tampoco sabía cuáles eran esos interrogantes). Así que embargado por la duda (y el banco también), decidió sentirse mariposa y hombre a la vez, viviendo en esa incertidumbre hasta el último de sus días (después de ese último día nadie nunca supo cómo siguió).
A partir de ese momento epifánico –si lo hay en la vida de un hombre- tomó ciertas decisiones que la historia se encargó de reivindicar. Se separó de su esposa y se fue a vivir a una pensión del Bajo Flores y comenzó a concurrir al estadio de fútbol del Deportivo Riestra (gigante futbolístico de la Primera D), mezclándose con los muchachos del tablón en la popular.
A partir de su roce con los muchachos del tablón, su compromiso social no tuvo descanso… aunque siempre se quedó a mitad de camino. Por ejemplo y a modo informativo, nada más, un día comenzó por no seguir al Depo cuando este jugaba de visitante; más tarde compró una platea para toda la temporada y ante las feroces críticas por su aburguesamiento, decidió seguir al club de sus amores a través de su Spyka.
Transcurrió sus días caminando o volando, según se sintiera hombre o mariposa; consiguió un trabajo de oficinista en una textil de cancanes; escribía poesías en las hojas inutilizadas de su oficina y que se llevaba a la pensión y cada tanto se enfrascaba en discusiones de café a las que no aportaba nada nuevo. Eso sí, sus críticas consistían en medulares estocadas que dejaban a más de uno fuera de carrera.
La historia, sin duda alguna – aunque algunos historiadores pongan esto en duda- lo ha rescatado como el hombre cuyo mayor aporte a la humanidad ha sido su propio ejemplo de vida, iniciándose con él –o mejor dicho a partir de él- el desarrollo de la teoría del logus mediocris.
El logus medriocris es aquel hombre o mujer (no discriminemos porque hoy hay igualdad de género) medio/a que no se juega por nada pero opina de todo; que entre dos posiciones se para en el medio y no se compromete con ninguna; que toma mate, no ya dulce (aberración, si la hay, a la infusión criolla), sino que le agrega yuyitos o utiliza yerbas saborizadas.
Esta especie habita todos los rincones de nuestra sociedad, ya que es un ser que se adapta perfectamente a cualquier situación; puede, por ejemplo, usufructuar los beneficios de reivindicaciones sindicales sin haber participado siquiera en una lucha (ojo, dentro de los sindicatos hay muchos logus mediocris en posiciones de decisión) o simplemente despotricar contra toda autoridad y después honrar con su ausencia el día que se deben elegir representantes. 
Un día tuve la oportunidad de conversar con un logus mediocris que me dijo: “Prudencio fue un gran hombre que nos enseñó mucho.” Y sí, es verdad, hemos aprehendido mucho de la astucia de Prudencio Dhudachencko.
¿Se dieron cuenta que hay muchos seguidores de Prudencio Dhudachencko, que jamás se van a jugar por nada y que intentan estar bien con Dios y con el Diablo? ¿Conoce usted a algunos? Yo sí.
La nuestra es agua de río mezclada con mar. Sean felices y nos vemos en la próxima entrada.



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