En este espacio cada estereotipo ciudadano tiene su lugar. No me voy a reír de ellos, sino con ellos y vos podes prestar tu risa

lunes, 12 de marzo de 2012

SERIE GRANDES ACTORES DE LA SOCIEDAD II


La Condesa De Loreto

Fiel a la costumbre de rescatar a esas personas que han contribuido al engrandecimiento de la sociedad y que por motivos oscuros, a veces indescifrables, los libros de historia se niegan a darle un espacio; hoy les traigo la historia de la Condesa De Loreto, de quién, además, soy amigo.
María Concepción Eduviges Feliz Cleo Adelecia Dafrosia Zumalacarregui Dufour Palomino y Compostizo, Condesa De Loreto.
Se discute el origen de su título de nobleza; en realidad, nobleza obliga discutir su título. Hay quienes sostienen que el título lo debe a la fortuna de su acaudalado primer esposo, Don Loreto, un señor mayor dueño de un emporio de papel picado en época en que el carnaval era una verdadera fiesta popular (y no como hoy que resulta un simple restablecimiento de feriado). Se cuenta que este buen hombre, hábil en los negocios, amasó su fortuna vendiendo siempre el mismo papel picado que recogía del suelo una vez terminada la fiesta. Fallecido el magnate y con la fortuna heredada, María habría comprado el título de Condesa a un pícaro mercader de títulos y textiles que la visitaba los fines de semana en su casa, anexándose, luego, el apellido de casada. Otra tesis bucea en un pasado non santo de esta envidiable mujer. Recuerdan la existencia del exquisito prostíbulo Loreto, punto turístico de referencia de la localidad Estación El Gaucho, donde esta dama era la atracción principal del show (según supieron reconocer ciertos visitantes) bajo el seudónimo artístico La Condesa.
Como todo en la vida no es blanco ni negro, sino gris (famoso desarrollo teórico de la Universidad Ecléctica de Bombal); es entonces que ambas hipótesis sobre los orígenes de su título no están muy alejadas de la verdad. Yo que la conozco bien puedo afirmar que su título proviene de su familia, dueña del Condado de Loreto, ubicado en el centro geográfico de la provincia de Santiago del Estero y, acá está el roce entre ambas hipótesis, famoso por ser la Capital Nacional del Rosquete y Sede del Festival del Rosquete que se celebra durante el mes de febrero.      
Mi acercamiento a esta dama fue a través de su segundo esposo, Nicanor Bouteller; famoso piratón de aguas dulces y bomvivant de la Isla El Espinillo. Fuimos presentados en oportunidad de un extraordinario evento gastronómico, organizado por La Condesa, para recaudar fondos para la Fundación Los Pibes Descalzos, que ella preside.
La vida de esta Gran Señora siempre estuvo referenciada por el amor a los demás; el prójimo necesitado ha sido siempre su desvelo, convirtiendo su propia vida en un derrotero de altruismo. Incansable en la lucha por los más necesitados, sus actividades constantemente apuntaban a recaudar fondos (muuuuchos fondos) que luego su Fundación distribuía en caridad. Por ejemplo: aquella comilona en la que la conocí, a la que asistieron alrededor de mil personas entre importantes empresarios, políticos y descollantes personajes de la farándula y cuya tarjeta tuvo un valor de $ 1.000; sirvió para que su Fundación le diera de comer arroz con menudos (que fueron donados) a cerca de diecisiete chiquitos de la calle. Recuerdo su cara, emocionada, recorrida por algunas lágrimas, al ver como esos chicos devoraban ese plato apenas tibio. Recuerdo, también, aquella fuerte interpelación al ministro, recordándole que los sin techos que vivían en el viejo galpón del ferrocarril debían ser considerados con dignidad; yendo ella misma, en persona, con hermosas y coloridas cortinas entre sus brazos hasta el viejo galpón, para adornar sus ventanales (algunos sin vidrios) y hacer un poco más colorida la vida de esa pobre gente.
Su hija, la Infanta Blanca Bouteller Zumalacarregui Dufour Palomino y Compostizo (pudieron anotarla con tantos apellidos porque tienen un amigo en el Registro Civil), que empieza a dar sus primeros pasos, despunta el mismo vicio que su madre. Pequeña y angelical, se sacó de su preciosa boquita el caramelo que estaba chupando y me lo extendió adorablemente con su delicada manecita (claro, previo haber visto que su madre acababa de servir unos riquísimos bombones). De tal palo, tal astilla; eso es muy bueno porque seguramente será la continuadora de la importante obra que viene realizando su progenitora.
La última vez que la vi compartimos una frugal cena en su piso exclusivo con vista al río e indignada –y hasta dolida diría yo- me dice: Golber, estoy cansada. Ahora me acusan de lavar dinero con mi fundación. Solo pude responderle que la gente es mala y comenta.
Cualquier parecido con alguien que usted conozca, es eso: un parecido.
Nos vemos.

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